7 de agosto de 2017

Frigiliana


























Me llevaron a Frigiliana muy de chico, quedándome únicamente en la memoria una calle estrecha, cuesta arriba, con casas blancas y luminosas, con plantas y flores llenas de color.

Unos quince años después, en los veranos entre curso y curso de la universidad, transportaba personas y materiales en el ámbito de los conciertos. Hubo uno en el campo de fútbol de Chayanne, nocturno y al aire libre que me encantó. Más allá del pseudocantante soberbio y arrogante (no permitió que se le recogiera en furgoneta, sólo admitía coche de lujo) al que desde el "backstage" se le descubría su patético "playback", lo que activó mis recuerdos fue el entorno, con río, montes, árboles y estrellas que incluso se veían.

Cuando terminé mis estudios de imagen hice una sesión de intercambio a una conocida en la Casa de Apero, que había sido recientemente remodelada para albergar el Museo Arqueológico. Mientras reponía fuerzas en un bar-restaurante típico con comida casera se me reactivó (que no "activó") mi memoria axárquica.

A pesar de mis diversas visitas a Frigiliana a lo largo de los años, nunca había ido con mi madre, que siempre había estado deseando descubrir dicho pueblo. Y qué mejor que en su cumpleaños.

La parte derecha conforme se entra es la del museo y el campo de fútbol, con muchas personas mayores pasando la tarde sentadas a la sombra. Si uno se dirige a ellos dan palique y más palique, no por ello dejando de ser encantadores.

El centro del pueblo está presidido por una escultura representativa de las cuatro religiones más comunes. Cuarenta y cinco minutos en coche para encontrarse esto nada más llegar. No recuerdo símbolos cristianos cuando estuve por Marruecos. Los españoles somos muy hospitalarios, sí, pero también masocas y estúpidos.

En la zona de tiendas de regalos y recuerdos es donde los guiris toman cerveza frente a sol y mar, sin importarles nada más. Ello es una suerte, porque detrás de ellos está lo más atractivo de Frigiliana. Presididas por el escudo de armas, comienzan las cuestas y escaleras, sombras y silencios. La tranquilidad. Los pocos niños que habitan este tipo de pueblos juegan con juguetes (no, no es una redundancia, pues sorprende que no estén pegados a móviles), trabajadores descansan tras su jornada y ancianos dejan pasar el tiempo. Me encanta ver perros echando la siesta en los balcones echando mirada indiferente sobre los viandantes. Gatos durmiendo por escalones y bancos y escalones, sin miedo a las personas. Nada que ver con ciudades y pueblos grandes, donde huyen de cualquiera. La experiencia es un grado.

El simple sonido del agua refresca, terminando la caminata pueblerina dejando a un lado la Fuente Vieja y bajando una escalinata con un pequeño canal central por el que fluía ese oro transparente y menospreciado (ya nos arrepentiremos), y recordándome a la Alcazaba o la Alhambra. Y es que había tiempos en los que los árabes aportaban...

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157683476094993

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

20 de julio de 2017

Madrid (2): Valle de los Caídos


























"Uh, ha ido al Valle de los Caídos, ¡qué facha!". Si piensas eso o algo mínimamente parecido te recomiendo que dejes de leer. Si, al contrario, estás más allá de ese estándar cuando lees experiencias y opiniones, bienvenido.

A pesar de ser principios de Junio, de camino al Valle de los Caídos y acercándome a la Sierra de Guadarrama, el cielo se puso realmente oscuro y comenzó a diluviar, Más allá de las precauciones al volante, adoro la fuerza de la naturaleza.

El aparcamiento estaba casi vacío y continuaba lloviendo. Me planté delante de la basílica, quedándome tan inmóvil como la misma estructura, majestuosa e imponente. Lo típico, una imagen vale más que mil palabras, pero si la imagen es en persona, aún más.

La sola presencia de los vigilantes y meditadores de los ángeles custodios da aviso de que el respeto a todo el recinto es obligatorio. La libertad de creencias religiosas, políticas y de demás índoles van en ambos sentidos. Quien no entienda o comparta que se vaya a las barricadas a hacer manifestaciones/botellones/orgías pensando en argonautas con banderas de un par de herramientas o divertidos colorines.

La gran nave es colosal, dejando casi sin palabras y respiración. Avanzando por ella y entre las seis vírgenes se llega al crucero, presidido por Cristo crucificado y donde se encuentran las tumbas de Francisco Franco y Primo de Rivera.

No voy a centrarme mas en detalles, pues todo está en Internet. Pero, por favor, eviten páginas web de información sesgada o manipulada, con la Wikipedia vale para empezar.

Con dificultades para apartar la mirada de la embriagadora cúpula y dirigiéndome de espaldas hacia la salida, nunca olvidaré la sensación de haber visitado esta explosión de historia y arte, de respeto y honor hacia los más de treintamil españoles caídos por ambos bandos.

Rodeando el monumento bajo la mirada de una cruz de 150 metros de altura, evangelistas y símbolos, me puse a almorzar en la Abadía de la Santa Cruz, un nombre como anillo al dedo dado lo que la preside en la distancia. Y familias con risas pero sin voces, escuchándose poco más que el piar de los pájaros en un entorno natural, tranquilo, relajado y saludable. Tampoco olvidar que fue repoblado y por quién (como tantos entornos españoles que hoy en día están siendo quemados y/o construidos).

Después de una curiosa e interesante conversación con una de las camareras de origen indio, eché un ojo a las habitaciones situadas en la planta superior. Un ambiente seco y sencillo con poco más de una buena limpieza y estupenda iluminación.

Entre la basílica y la abadía/hospedería hay árboles, plantas y pequeños estanques, permitiendo disfrutar la cruz desde atrás, donde muestra el mismo o incluso más esplendor. Zonas de ocio y esparcimiento como campo de fútbol y mesas para merendar, la Sierra de Guardamuros ofrece senderismo através de un bosque de pinos, cipreses, abetos, etc.

Las mentes lobotomizadas por la decadente educación o manipuladas por grupos mediáticos (Prisa, Atresmedia, etc) creo que se sentirán más a gusto haciéndose "selfies" de perfil, una pierna semidoblada, manos en la cintura y labios atrayentes ante héroes pacificadores presidiendo Los Inválidos o Trafalgar Square, por citar algunos con ironía.

En fin, porque recordar, narrar y escribir asienta los viajes, pero cruzo los dedos para que poca gente lea esto, continuando el Valle de los Caídos como un lugar reconciliación y paz. Por cierto, me queda por ver el cercano Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157684634852136

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

8 de julio de 2017

Madrid (1): El Prado y el Reina Sofía



El veinticinco aniversario de la inauguración del AVE ha hecho que RENFE ofrezca billetes de 25 euros a modo de celebración. Merece la pena estar de madrugada delante del ordenador y luchar pacientemente con la pésima página web si se obtiene una recompensa como una escapada, más aún teniendo alojamiento gratis.

La última vez que estuve en la capital dejé la maleta en Atocha y entré directo al Museo Nacional de El Prado. Inexperto yo en temas museísticos, pensaba que en un par de horas estaría más que visto. Iluso yo, pues llegó la hora de cerrar cuando sólo tenía vista la mitad de las obras. En esta ocasión repetí la operación, pero cambiando las velocidades. Nada más entrar hice un repaso ligero a lo ya visitado e invertí más tiempo en lo que me quedaba por ver.

Llega uno allí para casi cumplir el trámite porque son unos cuadros más que vistos desde la niñez a través de medios de educación o comunicación. Pero no, nada de eso. Plantarte delante de tan espectaculares obras de arte es un "shock" inesperado y positivo. Muchos pintores españoles con otros tantos extranjeros que están entremezclados en una colección compacta y diversa, representando hechos históricos, cumpliendo encargos concretos o dejándolos a la imaginación.

No voy a entrar a valorar (¡Dios me libre!), pero bajo mi humilde opinión y gusto son Velázquez y Goya quienes se llevan la palma, haciéndome parar el tiempo ante obras de incalculable valor como "La Rendición de Breda" o "Los Fusilamientos del 2 de Mayo". Y no dio para más, que no es poco, y teniendo ya el libro del museo, esta vez tocaron marcapáginas.

Cuarenta minutos en metro para el Ensanche de Vallecas, soltar el equipaje y vuelta al centro para hacer un "kit-kat" con arte alternativo. Se trataba de un concierto más que íntimo de Russian Red en el Círculo de Bellas Artes. Una treintañera pija y delicada que canta y versiona de forma psicodélica y somnolienta, contando supuestos y poco interesantes hechos de su vida entre tema y tema. Ya leí en el tren de ida artículos periodísticos que citaban cómo la chica se echaba novios para que le hicieran discos o la llevaran a vivir a Hollywood. Todo con un muy vacío tono "vintage", "chic", "urban" y Pi.

La mañana siguiente la dediqué al Museo Reina Sofía (abreviado). Es un edificio neoclásico del siglo XVIII que era el Hospital General de Madrid. En el centro de su estructura rectangular se encuentra un patio que permite disfrutar de tranquilidad en pleno centro de la urbe y al que dan los pasillos de las distintas plantas. Lo que eran habitaciones para enfermos encamados son ahora salas de exposiciones, haciendo que las obras de arte estén ligeramente dispersas y habiendo que cambiar de sala a pasillo y de pasillo a sala continuamente. Me recuerda, y guardando las distancias, al Hospital Civil de Málaga, aunque este aún conserva sus funciones originales.

Comencé por una exposición pretoriana y temporal de Picasso alrededor del permanente Guernica. Soy consciente de que en la actualidad el informarse es cosa de las minorías y el criticar sin ton ni son de las mayorías. Yo me encuentro en ambas, pues no hay más que consultar la sencilla Wikipedia para asentarse en el área común de ambas circunferencias. Estamos hablando de una obra discutible artísticamente como cualquiera, pero no históricamente. Se trata de un cuadro encargado por los republicanos para dar pena en la Exposición Internacional de París y que poco resultado práctico les dio. Todavía estoy esperando un cuadro de similar impacto social y económico sobre, por ejemplo, el atentado del Hipercor. Claro que nadie tira piedras sobre su propio tejado.

En el resto de cuadros del museo, ya no sólo en los recién nombrados de Picasso sino en general, hay algunos de forma salpicada que me gustan y colgaría en mi salita, pero no más. De todas formas, el fuego capitalista que mantiene este tipo de "arte" no me lo permitiría dado el vacío de mi bolsillo. Pero sí, algunos de Picasso, Dalí, Gris o Miró dan merecimiento a la entrada, sobre todo si es gratis.

Los modernos ascensores no desentonan con el edificio, llevándome a la última planta. Me sorprendió gratamente el tomarme un piscolabis franquista al girar una esquina, dándole un toque de sabor a la previa del Valle de los Caídos. Y no por ser lo último es lo que menos me gustó, sino más bien al revés. Una gran cantidad de simples dibujos y otras veces imágenes hechas a modo "collage" (no sé si manual o digitalmente) que, tal y como ya cité en mi viaje a Edimburgo, me encantan, representando/combinando hechos históricos y originalidad.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157682734285110

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

24 de mayo de 2017

Entre pasos y casetas





















He perdido la cuenta de las veces que he ido a Sevilla desde que era niño, pero resumiendo aproximadamente de cinco años para acá la he visitado para hacer de guía turístico con amigas extranjeras, ver partidos del Málaga CF, coger vuelos o, simplemente, para salir de fiesta. En la mayoría de los casos ha sido aparcando en los alrededores del Mercado de la Puerta de la Carne, cerca del centro pero sin llegar a estar en el tumulto.

Esta vez fui en tren, comenzando el día en la misma zona al bajarme en la estación de San Bernardo y con desayuno saludable en el mercado ya citado. A pesar de estar en remodelación es accesible y está practicable aunque, eso sí, a pesar de tener techo hay que asegurarse cobertura bajo una lona. ¡Las palomas están dentro y no paran de cagar!

Recuerdo la frase de mi profesor de fotografía cuando la estudiaba hace más de diez años, viniendo a decir que "no hay fotografía mal hecha siempre que seas consciente de haberla hecho mal". Pues tal cual lo hice, llevándome una cámara Full Frame como es la Canon EOS 6D con un objetivo no compatible con Full Frame como es el Tamron AF SP 17-50 mm F/2.8 XR Di II LD Aspherical. El resultado es más que evidente, con imágenes muy angulares y viñeteadas. Me ha encantado el método, lo repetiré con frecuencia.

Era el finde entre la Semana Santa y la Feria de Sevilla, siendo posible visitar la ciudad a pesar de ser un hervidero, con tremendas colas para monumentos como el Real Alcázar de Sevilla o la catedral. Por suerte, ya subí a La Giralda unos años atrás, invitado por una hongkonesa (que no una mexicana...). Da gusto callejear de plaza en plaza por el Barrio de Santa Cruz, terminando por la calle Aire, donde se puede disfrutar de baños, masajes e infusiones.

Me gusta probar lugares y cosas nuevas, pero a la hora de comer en Sevilla suelo ir a tiro fijo. Esta vez, entre Las Columnas y Don Eloy, terminé por elegir esta último. Tienen tapas de toda la vida y un atrayente pastel salado y vegetariano que probé y me decepcionó, siendo el interior lo que le da carisma. Cuido mucho mi alimentación, pero hice un remate final en La Campana.

Dejando a un lado el Pasaje de Villasís, recordándolo como alojamiento familiar en mi visita a la Expo'92 (hace ahora 25 años de ello), me acerqué al Metropol Parasol, más conocido como Setas de Sevilla supongo que por su forma. La última vez continué hacia la Plaza de la Alfalfa, aunque en esta ocasión fui en dirección al río, dejando a los lados la Plaza del Duque de la Victoria y el Museo de Bellas Artes. Este último lo visité con unos doce años, cuando tenía alojamiento familiar en San Diego y me pateaba solito la ciudad. ¡Viajar solo está chupado!

El C.C. Plaza de Armas me llevó cerca de la Plaza de Toros de la Maestranza y a cruzar el Guadalquivir. Y continuando con pinceladas de mi pasado, también tuve alojamiento en el Barrio de Triana, esta vez amistoso y para salida nocturnas. La calle Betis a las tres de la tarde no es ideal ni recomendable, aunque sirve igualmente para descubrir el "skyline" catedralicio de la ciudad.

La Torre del Oro fue mi torre guía para volver a cruzar el río, bordear el Pabellón de Portugal y llegar a la Plaza de España. No importa cuantas veces vaya, siempre me impresiona lo mismo o más. Y no es porque en ella se rueden o dejen de rodar superproducciones hollywoodienses, sino por su simple magestuosidad. Las tremendas torres, la combinación de colores, las sombras de sus arcos y la simetría en su construcción. "Spain is different"; sin ironía.

El Puente de Buhaira me recuerda a lo que ya no me acuerdo, todo lo contrario que la avenida del mismo nombre, donde tuve mi enésimo alojamiento familiar en forma de hotel de concentración antes de hacer el Camino de Santiago. Vibrante caminata para encarar la estación de Santa Justa, donde hay más gorriones que en los parques. Falto de justicia el ser humano, tiene que reflexionar rápido sobre ello. Dos horas en el AVE.

Fotografías (2017) ->
https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157679912951883

Fotografías (2015) ->
https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157661730905012

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

9 de mayo de 2017

Caminito del Rey


























Soy yo el que normalmente organiza los viajes y escapadas, pero en esta ocasión tuve la suerte de que, sin comerlo ni beberlo, fueron mis tíos los que me invitaron y se encargaron de todo. ¡Todo un lujo merecedor de agradecimiento!

A pesar de haber hecho hace unos años una sesión fotográfica de moda por aquellos lares, no he sabido hasta hace poco que hay tren de Málaga a Ronda, y menos aún que hacía parada en El Chorro. Poca memoria infantil la mía, pues antes del AVE era el único acceso ferroviario a la capital, habiendo sido usado por mí mismo en tiempos inmemoriales. Es por ello que debería limitarse el acceso de vehículos privados (especialmente turismos) en la entrada y salida, pues también hay un autobús que conecta ambos puntos.

No suelo estar muy de acuerdo con la humanización de entornos naturales, menos aún de este incomparable Parque Natural. Para eso ya tenemos el resurgimiento de la construcción y su implícita ansia de dinero. También debo reconocer que se trata de un caso peculiar, y no me refiero a la nueva seguridad durante el recorrido respecto a la que había antes, pues quien quería (y quiere, pues he visto gente andando por las vías de tren) hacerse la Lara Croft de turno, allá él. Me refiero a la protección del entorno; flora, fauna y parque en general. Hay incluso vigilantes, muy a lo Jellystone Park.

La espera a la hora de entrada se hace corta entre pinos y eucaliptos, ante las aguas de un gran embalse presidido por la conocida como Casa del Ingeniero. De todas formas, te avisan si puedes entrar antes de tiempo, teniendo que cruzar un túnel de unos cientos de metros y escasa iluminación para llegar a la entrada; llamémosle oficial.

No hace falta tener vértigo para que te impresionen las alturas cuando vas por los tramos del Desfiladero de los Gaitanes de reciente construcción. Aún así, creo que la mente humana no termina de ser consciente por más que sepa que va sobre simples maderas, por muy profesional y firmemente que estén soldadas a la roca. Una imagen vale más que mil palabras, e imaginar lo que se vería en un espejo en el lado contrario haría dar un paso atrás a más de uno. Por cierto, me viene a la cabeza, aunque no especialmente relacionada, la caída de Arthur Galt en Acorralado. ¿No has visto la película? ¡Ya tardas!

En los tramos de terreno sólido hay un par de sitios para descansar y comer disfrutando del paisaje, el cual incluye la version antigua y derruida del Caminito del Rey, túneles y vías de tren, casas a modo de refugio e incluso un área concebida como helipuerto para emergencias.

En paralelo a canales de agua con sus camuflados sapos y bajo la atenta mirada de aves rapaces por el desfiladero, se termina llegando a un antiguo acueducto del que aún surge un imponente chorro de agua. A su lado, un moderno puente colgante y suspendido en las alturas que, no sólo es la imagen representativa y casi icónica del recorrido, sino también punto típico para que valientes e inconscientes paren a tomarse fotografías.

Ya no queda más que subir escalera y bajar cuesta al punto inicial. Toca reponerse y descansar en "La Garganta", comentando la jornada de senderismo frente a la central hidroeléctrica y esperando que los tenebrosos y majestuosos túneles escupan nuestro regreso.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157683077383035

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

30 de abril de 2017

Centre Pompidou Málaga


Lo hago porque me gusta escribir y actualizar mi blog regularmente, pero que conste en acta que el tiempo que voy a invertir en ello vale mucho más que la propia entrada al museo. Lejos de la sorpresa, tampoco ha sido una decepción, sino una confirmación. Masoca yo, era precisamente lo que buscaba.

El arte comtemporáneo no es más que un negocio en el que los creadores se vanaglorian y enriquecen a costa de una alienada sociedad. Un hombre bocabajo y con la cabeza metida en un cubo representa lo que el visitante se va a encontrar en la bajada a un estafador inframundo "artístico" cuyo cubo realmente valioso se encuentra en el exterior. Cuando te tienen que explicar el significado de una obra de arte es que no es arte.

Más allá de los habituales retrasos y discusiones en las administraciones públicas, no se tardó demasiado en casar al continente con el contenido. Doy por hecho que lo mismo está ocurriendo con el edificio de los cines de la Plaza de la Merced, cruzando los dedos para que no tenga el mismo desenlace. Ya sería el tercer caso si incluimos al CAC, también un edificio al que se le aplicó uso alternativo. De todas formas, la comparación entre CPM y CAC sería injusta porque, si bien ambos centros tienen como exposiciones permanentes pura bazofia, en cuanto a las temporales no hay color; este último me ha maravillado a lo largo del tiempo con verdaderos artistas como Vik Muniz, Erwin Olaf o Mark Ryden, muy distintos entre ellos.

Ahora bien, desde el punto de vista mercadotécnico, la creación de estos museos la veo estupenda (punto y aparte son los resultados en la práctica). Realzan la imagen de Málaga a nivel internacional, situados en puntos claves como el CPM, fácilmente visible y visitable nada más salir de los cruceros. En cualquier caso, si yo fuera crucerista ávido de arte y cámara en mano, preferiría ametrallar fotográficamente la tienda de pintura de paisajes y monumentos malagueños situada justo antes de llegar al museo, a la derecha.

¡Menuda jugada maestra y post mortem la que le hicieron a Monsieur Pompidou!

Fotografías ->
https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157679184304804

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

4 de abril de 2017

Edimburgo (2)

El día siguiente se inició con el mismo trayecto en tren, aunque a través de las ventanas no lo llegaba a parecer. La nieve se había derretido, dando lugar a verdes terrenos arbolados y agrícolas de tono resplandeciente.

Repetí también la subida desde la estación de destino a la entrada del castillo, estableciendo The Hub como punto inicial. Se trata de una imponente iglesia cuyo interior ya no es para fines religiosos, sino para albergar la sede del Festival Internacional de Edimburgo.

La Royal Mile es la arteria de la capital escocesa, teniendo a ambos lados numerosas tiendas de mantas y maltas (entendiéndose whisky). La St. Giles´ Cathedral posee preciosas y numerosas vidrieras que colorean todo con luces a través.

Entre propuestas para visitar pasadizos, mazmorras y catacumbas del tipo "City of the Dead Tour" o "Edimburgh Underground Ghost Tour", llegué al Royal Mile Market, una pequeña iglesia también rehabilitada, esta vez para un mercadillo.

Había retratos de mujeres, fotografías de medio cuerpo y a tres cuartos con un tone sepia. Lo llamativo eran materiales pegados encima en modo "collage", con marcos. Unas obras de arte de estilo elegante pero informal, con un fondo de coloridas vidrieras (sí aquí también) eclesiásticas, un resultado explosivo. Lo detallo mucho porque ha sido lo que mas ha quedado en la memoria, no sólo en la de la cámara, sino en la de mi mente. Para gustos, colores ¡Que para eso se viaja!

Me despedí de mi viejo amigo Adam Smith y continué calle abajo, ya más despejada. Ahora un nuevo mercadillo, esta vez al aire libre y de comida ecológica, todo muy "urban". Cierto es que fue lo más sano que comí por allí; un pollo cocido con curry picante y rúcula. Don Quijote de La Mancha estaba allí.

La Royal Mile termina en el Palacio Holyroodhouse, centro histórico de la ciudad y considerado Patrimonio de la Huanidad. Y es extraño esto último, pues allí también se encuentra el Parlamento de Escocia, un terrorismo arquitectónico obra de un catalán.

Toca girar a la izquierda y empezar a subir cuesta, con un cementerio entre tejados casi a los pies y el pico del Artur´s Seat al otro lado de la ciudad. Más arriba se pasa cerca del New Parlamient House, de imponentes figuras humanas sobre su entrada. Ahora bien, ¿por qué este es el "nuevo" siendo mucho más antiguo que el citado en el párrafo anterior? Es más, ¿por qué me viene a la cabeza Blade Runner al recordar las estatuas citadas dos frases atrás? ¿dónde está Wally? Viajar hacer trabajar el cerebro.

La parte superior es Calton Hill, la zona más alta de la ciudad junto a la del castillo, y ofreciendo por lo tanto unas vistas panorámicas en trescientos sesenta grados. Todo lo que hay por allí se puede consultar en las guías, pero quiero nombrar The Nelson Momument. Puede verse desde toda la ciudad, pero merece la pena hacerlo de cerca.

Y casi sin darse cuenta se planta uno en pleno centro neurálgico de la ciudad. Si antes bajamos por la arteria ahora aparecemos por en la vena, conocida como Princes Street, donde turista y no turista va a parar. Terminemos con la terminología médica y corporal definiendo a la estación de trenes como el corazón urbano, escupiendo multitudes hacia una infinita acera de tiendas. Por suerte, por atrás hay calles peatonales algo mas calmadas. 

Que no se me olviden dos construcciones. En primer lugar, lo que estuve creyendo los dos días que era parlamento, gobierno, ayuntamiento o sucedáneo terminó siendo un hotel de lujo, concretamente The Balmoral. En segundo lugar está el muy alto Scott Momument, al que por lo visto se puede subir. Dos gaiteros hacían el cambio de turno.

No me explayo más, pues con textos y fotografías he representado y aportado de sobra mis vivencias por Escocia. Me gustaría haberme acercado a Aberdeen, pero demasiado comprimida en el tiempo estaba ya la escapada. De todas formas, hay vuelto directo desde mi ciudad. Otra vez será.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157681489698825

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com