8 de agosto de 2012

Desde las alturas.

La cantidad de zonas arqueológicas en el sureste de México es innumerable y tratar de verlas todas es casi dedicar la estancia en el país exclusivamente a ello. Es por eso que, a no ser que se sea un apasionado de la temática, es necesario seleccionar cuales ver y cuales no. Se pueden usar criterios como el valor arqueológico, la fama, la cercanía o el simple capricho. En este caso fue la cercanía lo que me llevó a ver Cobá, unas ruinas mayas del periodo clásico a cien kilómetros por carretera de Playa del Carmen.

Con la experiencia de Tulúm y Chichén Itzá, donde el autobús para en lugares tan poco atractivos como el borde de la Carretera Federal y una enorme explanada para autobuses respectivamente, salir del vehículo y encontrarse de frente con la Laguna Cobá es un auténtico espectáculo. De unas dimensiones considerables y rodeada de juncos y otras plantas acuáticas, la laguna se encuentra atravesada en uno de sus extremos por una tirolina de la que, teniendo en cuenta la cantidad de cocodrilos que habitan el humedal, resulta sorprendente su instalación.

















A diferencia también de otras ruinas más concurridas, Cobá está poco acondicionada para el visitante, no habiéndose abierto más que algunos caminos entre las distintas zonas del área. Este respeto a la vegetación selvática en la que se encuentra inmerso y la posibilidad de recorrer los senderos en bicicleta dotan a este enclave de un especial encanto.

La estructura básica de la zona arqueológica es bien sencilla. Nada más acceder al recinto encontramos, a la derecha, una conjunto de edificaciones entre las que destaca la del Juego de Pelota. Continuando por el sendero principal hasta el final del mismo alcanzamos el Grupo Macanxoc, ocho estelas en las que tanto cautivos como personajes de alto rango representan escenas de la vida maya. Como curiosidad, entre las cuatro fechas que aparecen en Cuenta Larga (un tipo de calendario mesoamericano) aparece la del famoso 21 de diciembre de 2012.

















Antes de llegar a esta zona de las estelas, a mediación del camino principal, hay una desviación en el lado izquierdo. Siguiéndola, llegamos, tras pasar por varias edificaciones menores, a la Pirámide de Nohoch Mul, principal atracción de Cobá.

La Pirámie de Nohoch Mul es la más alta de las muchas existentes en la Península de Yucatán, alcanzando los 42 metros de altura. Su ascensión resulta toda una prueba de fuerza motríz y capacidad pulmonar que, sin embargo, no se ve premiada con la recuperación del aliento al alcanzar la cúspide, pues las vistas son absolutamente "breathtaking". En algunos foros comentan que es incluso posible ver la pirámide de Chichén Itzá, situada a más de noventa kilómetros de distancia, pero yo me tuve que conformar con contemplar la imponente selva allá donde miraba y hasta donde me alcanzaba la vista, que no es poco.

























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