17 de agosto de 2013

En verano, pero fresquito.







































La mañana fue apasionante pero dura, pues ví las ruínas de Palenque tras muchas horas de viaje y pocas horas de sueño. Aún así, si existía la posibilidad de dedicar la tarde para dormir, fue automáticamente descartada. A la misma vuelta de comer, calle principal hacia abajo, cogí la "van" con dirección a Ocosingo y que tenía una parada a medio camino, a la altura de Agua Azul.



















Conocí a un taxista que me llevó desde la misma carretera hasta la zona baja, donde realmente estaban las lagunas. Por el camino, aparte de comprobar que era tan amable y sevicial como casi todos los mexicanos, descubrí la cantidad de dialectos que hay en Chiapas. Él hablaba conmigo lógicamente en español y con un compañero por la radio del vehículo en uno de esos dialectos.

















El comienzo de la zona de Agua Azul lo esperaba mucho más vació de lo que se encontraba. La zona estaba totalmente acondicionada al turismo, habiendo a la llegada un gran llano para aparcar los vehículos y rodeado de tiendas, etc.

















En cualquier caso, las vistas que allí ofrece la naturaleza fueron espectaculares. Me quedé un rato apoyado en unas de las barandillas, no haciendo nada más que mirar la caida del agua y disfrutar de su espectacular estruendo.

















Empecé a subir y subir, esquivando turistas y visitantes, pasando ante pequeñas tiendas y puestecillos, buscando más paz y tranquilidad. Conseguí llegar a una zona donde no había casi nadie, donde el agua era menos espectacular pero mucho más calmada.

















Me metí en el agua un buen rato, donde se estaba super a gusto evitando el sofocante calor de la tarde. Luego pedí una ligera merienda en un tranquilísimo barecito de la zona y ya inicié la vuelta hacia la carretera.

















En dicha carretera, tras esperar un buen rato un "van", terminé subiéndome en una pequeña furgoneta donde ya iban subio dos o tres personajes de la zona. Digo personajes porque, durante una hora y media aproximadamente que duraba el camino, iban todos en absoluto silencio mientras escuchaban la radio del vehículo, donde un extraño locutor adoraba a Dios y daba instrucciones y órdenes a todos sus oyentes. No podía remediarlo, para mí era bastante cómica la situación...

















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