11 de enero de 2015

Los gallos blancos

















A medianoche nos montamos mi amiga Paola y yo en el autobús con destino a Querétaro y así pasábamos la noche de viaje, ahorrando alojamiento y aprovechando la luz del día.

Como ya he comentado algunas veces, me es imposible dormir durante un viaje, no importa qué medio de transporte esté usando. Eso, en esta ocasión, tuvo una gran ventaja, y es que vi como el autobús cruzaba México D.F. por el mismísimo centro en plena madrugada. Doy por hecho que debe haber alguna circunvalación, pero me alegro de que el conductor hiciera semejante absurdez. Pasar por debajo de rascacielos a través de enormes y desiertas avenidas no tiene precio.

La llegada a Querétaro fue aún en la madrugada, con lo que cogimos taxi desde la estación al también desierto centro de la ciudad. Tras vueltas y vueltas y alguna que otra visita a puercas hostales terminamos decidiéndonos por una de cierta decencia (Hostal Ocote).

La mañana fue dedicada a mezclanos con la vida de la ciudad, talleres de madera o metal, galerías de arte y museos, tremendas iglesias, plazas y la Casa de la Cultura. La tarde/noche, y tras un pequeño descanso en la hostal, visitamos tiendas de ropa para eventos de los 15 años (como la comunión en España), disfrutar de infusiones (y Wi-Fi) en acogedoras cafeterías o investigar en tumultos y reuniones sociales.

A la mañana siguiente, tras más horas de autobús y parada en Irapuato, llegamos a la nueva estación de Guanajuato, en las afueras de la ciudad y desde donde hay que hacer enlace al centro, pero eso ya lo contaré en el próximo post.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/sets/72157653972698195

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