23 de agosto de 2015

Los torneos de apertura y clausura

























Muchas de las ligas de fútbol sudamericano comienzan con el torneo apertura, siendo aplicable este mismo paralelismo (no literariamente hablando) a este año en lo que a reportajes fotográficos de boda se refiere, habiendo tenido unos primeros meses con cierto número de bodas, una ligera pausa en la que ahora me encuentro y ya acercándose el trofeo clausura con otras tantas.

He hecho fotografías en casas tanto de novios como de novias por barrios malagueños tan conocidos como Teatinos, Portada Alta, Tiro Pichón y El Ejido, habiéndome acercado también a Alhaurín de la Torre o el Rincón de la Victoria. Ceremonias tanto religiosas como civiles, bien en iglesias como en ayuntamientos. Celebraciones en variadas fincas, restaurantes y lugares que nunca había imaginado, como por ejemplo el Colegio Oficial de Arquitectos de Málaga. Los exteriores son otro tema, siempre en innovadores, originales y secretos emplazamientos que no voy a desvelar.

Las bodas son una maravilla teniendo confianza con los novios, riéndose en momentos de la boda, conversando con invitados y conociendo gente nueva. Por supuesto, y casi básico para mí, disfrutar de la fotografía y viajar, aunque este año hago todos los reportajes dentro de la provincia.

¡Deseando empezar la segunda vuelta esta semana que entra!

Fotografías -> https://www.facebook.com/media/set/?set=a.878471095566499.1073741863.331771663569781&type=3

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8 de agosto de 2015

Charlas al anochecer


























Cuando era pequeño la palabra "Acapulco" la interpretaba como un lugar remoto del planeta. Si el balón salía por lo alto de la valla del colegio se podía decir "¡hala! ¡a Acapulco!". Con el paso del tiempo la idea fue cambiando y ya me sonaba a un lugar super paradisíaco, pero aún casi sin saber donde estaba. Solía ser el gran premio de los concursos de la tele. Ahora, con unos pocos años más, ya sé donde está y cómo es la ciudad.

Acapulco está en una bahía rodeada de montañas, con lo que para entrar en ella el autobús pasó bajo un túnel considerable. La estación está al lado del gran parque de la ciudad, conocido como Parque Papagayo. Lo rodeé, crucé la Avenida Costera (la principal), dejé a un lado el centro comercial La Gran Plaza y llegué a lo que iba a ser mi alojamiento.

El Hotel Maralissa es uno de los más antiguos de toda la zona turística, teniendo únicamente tres o cuatro plantas y bajo la presión año tras año de las grandes cadenas hoteleras para echarlo abajo y poner en su lugar un rascacielos más. Espero que no ocurra, porque es un hotel con cierto encanto.

Cuando España tenía un espectacular poderío y era consciente de ello (no como ahora) usaba Acapulco como punto clave para pasar los productos de Las Indias desde el Océano Pacífico al Atlántico (usando también Veracruz). Para proteger tan importante enclave construyeron el Fuerte de San Diego, el cual fue una de mis visitas matutinas.

Hoy en día es un museo muy cuidado, con muchas referencias históricas, unas vistas increíbles de la bahía y aire acondicionado en las distintas habitaciones (aún siendo marzo hacía calor). Es curioso que si miras hacia el mar, aparte de la zona hotelera, hay una zona de casas de lujo al estilo Santa Mónica (es la zona conocida como Acapulco Diamante). Sin embargo, si uno se da la vuelta, las ya nombradas montañas que rodean Acapulco son como favelas brasileñas, enormes superficies cuesta abajo absolutamente cubiertas de construcciones de dudosa calidad y sospechosa habitabilidad.

Anduve un rato hacia el centro antiguo de la ciudad, con su plaza principal al estilo mexicano, con mucha vida y poco estrés, rodeada de puestecillos de batidos, frutas y demás. La preside la catedral, cuya cúpula vista desde el interior es grande, bonita y alegre.

Subí en taxi a La Quebrada, unos llamativos acantilados donde continuamente rompen las olas de forma espectacular. Es allí donde, adaptados a un horario turístico, se tiran desde las alturas hasta el mar verdaderos temerarios. Todas estas partes céntricas o relativamente céntricas son conocidas como Acapulco Tradicional.

El Acapulco Dorado, donde están los rascacielos y mi pequeño hotel, me sirvió para darme una buena caminata descalzo y cámara en mano por la playa. Me cruzaba equipos de niños jugando al fútbol, guiris escuchando rancheras desde sus tumbonas, mexicanos bañándose con ropa puesta como es habitual y distintas atracciones de los distintos hoteles. Sentarse en la arena a ver la puesta de sol en Acapulco es una verdadera maravilla.

Los almuerzos los hacía en el ya citado centro comercial, pues el aire acondicionado era lo ideal a esas horas. En las cenas ya me iba a restaurantes típicos mexicanos a comer tacos o bien me quedaba al aire libre en las instalaciones del coqueto hotel (previa visita a la farmacia a por antimosquitos). Una de esas noches estuve hablando durante horas con el portero del hotel, un hombre bastante mayor que, a pesar de haber trabajado siempre de lo mismo y no haber salido nunca del Estado de Guerrero, daba conversación para rato. De hecho, más que las playas o los edificios históricos, fue lo que más me divirtió de esa escapada a Acapulco.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/sets/72157653974056995

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