15 de abril de 2016

París (4)



























La ciudad amaneció lloviendo y con neblina, líneas de metro cruzando el río que se veían difuminadas por los humos de las fábricas. Esa idea de que un día nublado es el idóneo para hacer fotografías es una tremenda mamarrachada, pero yo no tenía otra opción.

Un amigo me había recomendado visitar el Institut Du Monde Arabe, sobre todo por las vistas desde la parte superior. Lo descarté tanto por el clima como por mi escaso interés en la temática. Zigzagueando sobre el Sena, desde la Garé de Lyon hasta la Isla de la Cité, terminé frente a la catedral de Notre Dame.

Me gusta prestarle atención a las tiendas pequeñas, esas que no hace muchos años que surgieron, donde normalmente autónomos lo dan todo para mantenerlas. A veces no me interesan los productos/servicios que ofrecen, pero sí el diseño de sus escaparates, la decoración de sus interiores o sus luces de neón. También me atrae el estilo casi opuesto, tiendas antiguas (que no "vintage") que jamás se han reformado. En Saint Germain des Pres hay mucha variedad.

Ya en esta parte sur de la ciudad, paseando por la calle que termina en el Odeón Théâtre de l´Europe, descubrí un buen número de librerías en ambas aceras. Hace diez o veinte años habría quien las definiera como decrépitas y caóticas, pero actualmente son verdaderas joyas y no sólo para ratones de biblioteca.

Había estado intentando encontrar una postal en concreto, encargada por una amiga, casi desde que aterricé. Se trataba de una fotografía muy antigua de mujeres, cogidas del brazo y sonriendo, bajando las escaleras de Montmartre. Era en blanco y negro y con sólo el grupo coloreado. En el exterior de una de estas librerías estaba la misma serie, mas faltaba justo la que buscaba. Entré y, hablando con el dueño, compré un par de ellas que formaron una combinación perfecta.

El Jardin du Luxembourg está situado de forma más hermética que los anteriormente visitados, y torcer una esquina y encontrarse con tal majestuosidad deja anonadado. Casi más grande que los otros, aunque con menos monumentos y museos, lo compensa todo con la cantidad de actividades que permite hacer. Teatro de títeres, estanque con barcos teledirigidos, paseos en velero, invernaderos, escuelas de horticultura, etc. Entre hospitales, facultades e institutos va estrechándose en la parte denominada Jardin Marco Polo y desembocando en Montparnasse.

Es un barrio muy concurrido con sus estaciones de tren y metro, aunque lo que más llamó mi atención fue el panorama desde el interior del cementerio, el contraste entre la iluminada Tour de Montparnasse y las tenebrosas lápidas, entre atareados ejecutivos e inconsolables viudas, entre la vida y la muerte.

Las ciudades visitadas estos últimos tres años, y para quitarme de una sola tacada las tres con más solera, han sido cronológicamente Londres, Roma y París. Sorprendentemente, la que menos expectativas me daba ha sido con diferencia la que más me ha gustado, pero no pienso dar la más mínima pista de cual ha sido. AU REVOIR!

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157665000727550

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13 de abril de 2016

París (3)



El primero y único de los días soleados invitaba a no coger metro, con lo que encaré el Boulevard de la Chapelle, enlacé con el Boulevard de Clichy y me planté ante el Moulin Rouge. Con el logo en la misma acera y un par de bloques convencionales a sus costados, el local estaba cerrado esa mañana, aunque en la entrada se podían ver carteles de espectáculos, no sé si históricos o actuales. En la tienda, en el lateral de la manzana, no llegué a encontrar una taza decente y terminé comprándola en un moro cercano. No fue con referencias del Moulin Rouge, sino del desaparecido Le Chat Noit, que me recuerda a mi gato.

Ya subiendo cuestas, entre bares como el "SYMPA" y floristerías como la "Au nom de la rosa", haciendo vídeo en el Saint Jean de Montmartre y plantándome en un jardín frente a la frase "aimer c´est du dósordre... alors aimons!". Surge de un bocadillo tipo TBO y este de la boca de una mujer de vestido azul (descartamos a la de Matrix). Todo pintado/escrito en una pared con un "te quiero" en decenas de idiomas en la parte inferior. Como curiosidad, una amiga ya me había hablado de ese pequeño parque, pero describiéndome distinta postura y frase de la ya citada mujer. Incluso en la revista turística del hotel, de ese mismo mes, aparecía una fotografía diferente. No era mentira ni montaje, pues aún quedaba ligero rastro de ello, pero había que fijarse y relacionarlo.

Tabernas y bares con nombres de más o menos originalidad, largas escaleras de las de subir los escalones de dos en dos y guitarristas que intentan vivir de su voz. En la Place du Tertre los pintores hacen retratos a turistas y capturas de paisajes/monumentos de alrededor. En este siglo va cambiando lo bohemio por lo comercial, el arte por la mercadotecnia. No lo veo negativo o que haga perder valor, sino más bien una sinergia que produce motivación. La plaza mantiene su encanto y relax.

Tanto tiempo con el gorro que ni me acordaba de tenerlo puesto y me lo recordaron con educación a la entrada de la basílica del Sacré-Coeur. No podían hacerse fotografías independientemente de si se usaba flash o no, claro que no hacían referencia al vídeo. No contaron con mi astucia.

Las vistas de París desde Montmartre, a 130 metros sobre el nivel del mar, son una maravilla empañada por la maldita polución, que le resta nota al "skyline" de la metrópolis. Tras bajar las casi infinitas escalinatas y esquivar vendedores negros de nula educación me crucé con un nuevo molino, pregunté a un francés en inglés y "voilà", el Cimentiére de Montmartre. Habiendo comentado ya que me gustan los cementerios no voy a explayarme en la descripción de este o el de Montparnasse pues, aparte de sus dimensiones, son muy parecidos al malagueño de San Miguel. Parte porque también hay mucho arte aquí, parte porque también hay mucho enterrado de allí. Todo un popurrí.

Metro hasta la Place de la Nation, rodeo a la Place de la Bastille (mucho ruido y pocas nueces, mucha historia y poco caché) y giro a la derecha a la Place des Vosges. Es una plaza de ensueño del que hace despertar el guarda de la misma a la hora de cerrar. De toas formas, los alrededores del Centre Pompidou merecen callejear por ellos pues, sin ser la parte mas bella de la ciudad, tienen mucha vida y actividad. Tiendas de todos los colores a las que se le suma el ambiente turístico/artístico del museo, del cual me ahorro hablar...

Fotografía -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157665000727550

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11 de abril de 2016

París (2)



Los elementos más significativos de los lugares a los que viajo no suelen coincidir con los que más me interesan, y una vuelta alrededor del Arc de Triomphe junto con algunas pocas originales fotografías bastaron para abandonar el primer "checkpoint" del día.

La moda me interesa, ya sea para mi propio día a día como para inspiración e ideas que proyectar en la fotografía. Es igualmente cierto que, cuando el cóctel de lujuria, glamur y patetismo se agita más de la cuenta, la emoción cambia de forma inversamente proporcional. Eso hizo que ignorara ese tipo de establecimientos a lo largo de la Avenue des Champs-Élyseés y me centrara en otros elementos, tanto llamativos como cotidianos.

Realmente espectacular el diseño exterior e interior del Citroën C-42, escaparate y vitrina que conforma el edificio de la marca francesa. Especial atención a un muy cuidado Citroën CS, primer coche en el que me monté en mi tierna infancia. Continué visitando los espacios de Renault y Toyota, la tienda del París Saint-Germain y pequeños centros comerciales como Galerie des Arcades. Giro a la izquierda, me pregunta un italiano desde su coche cómo llegar a la autovía, dejo a la derecha la Place des États-Unis y llego a lo más turístico de París.

Son muchas las veces que me viene a la cabeza la escena de Matrix en la que se cruzan con una mujer de vestido rojo. Esta fue una de las ocasiones, sentado con bocadillo en mano, pies cruzados y piernas colgando. La multitud cuasi desenfrenada y robótica, donde unos ocupaban el metro cuadrado recién dejado por los anteriores, "selfie" y ya están presionando los siguientes. Intentando retraerme de aquel "time-lapse" en vivo y en directo, mirando las amplias vistas, con la Tour Eiffel presidiendo y la Tour Montparnasse intentando hacerse hueco en la postal.

En aquel momento no sabía que tenía detrás el Cimentière de Passy, pues suelen ser bonitos y tranquilos y me hubiera encantado irlo a visitar. En su lugar atravesé los Jardins du Trocadéro, crucé el Sena, pasé bajo la torre y, tocando el edificio del final por mí y todos mis compañeros, intenté ignorar el Mur pour la Paix tras recorrerme el Champ de Mars.

El patio central e L´Invalides es seco, amplio e imponente, rodeado de tanques y cañones. Al igual que el almirante Nelson en la londinense Trafalgar Square es aquí Napoleón quien preside tanto con escultura representativa como con su propia tumba. En países tan democráticos y europeístas  como Francia e Inglaterra son héroes nacionales personajes históricos que masacraron, entre otros, a miles de españoles, tanto militares como civiles. Es curioso que en España no se puedan nombrar ni figuras como Hernán Cortés ni lugares como el Valle de los Caídos, aunque no se tenga la más mínima idea de qué hicieron o representan.

El Pont Alexandre III, el puente más antiguo de la ciudad, da para estar mucho tiempo fotografiando, o simplemente disfrutando, la coincidencia de colores entre los revestimientos de sus farolas con la ya lejana cúpula de la iglesia de Saint-Louis des Invalides. Dejando a la izquierda los inocentemente enfrentados Gran Palais y Petit Palais llegué a la muy anodina Place de la Concorde compensada con un casi indescriptible anochecer.

El Jardin des Tuileries es largo y ancho, desde una común noria hasta la representativa Pyramide du Louvre, comenzando con una librería en una cueva y terminando con una tienda en un contenedor marítimo. Por medio se pueden observar personas paseando o haciendo deporte, alimentando patos en la fuente octogonal o echándole un vistazo al Arc du Carrousel.

Entre soportales y bastidores fui a parar a la Rue de Rivoli, donde se encuentran las franquicias de ropa más comunes y locales de exposiciones de arte moderno, dando con la tolkiniana Tour Saint-Jacques para encarar el Boulevard de Sébastopol hacia el hotel.

Cuando hago mi habituales caminatas por Málaga suelo activar en el móvil el Runtastic Pro para ir guardando en mi historial kilómetros, tiempos, calorías y demás. No lo hice en este caso, pero estoy prácticamente seguro de que fue una de las mayores rutas urbanas de mi vida, una tremenda U sobre el mapa de París. Ducha, cena y a dormir.


8 de abril de 2016

París (1)



El autobús del aeropuerto me dejó en la estación de Porte Maillot y, con la intención de evitar en lo posible más cambios de transportes y transbordos, anduve por la Avenue de la Grande Armée hasta la Place Charles de Gaulle, desde donde pude coger metro directo hasta el hotel, al noreste de París.

Ya nos miramos como quien no quiere la cosa en Beauvais, sabiendo ambos que nos conocíamos pero sin saber de qué. No era tan extraño, pues recién aterrizados desde Málaga era como habernos encontrado en nuestra misma ciudad. Lo que sí es más llamativo fue el volver a encontrármelo en la recepción del hotel hora y media después y en la otra punta de la ciudad. Resultó ser Antonio Campana, un compañero de cuando estudiaba fotografía y vídeo en el IES Jesús Marín.

Quedaba más de una hora para poder entrar en mi habitación, con lo que dejé la maleta y fui a visitar el muy cercano Canal Saint-Martin. En la guía de viaje no me había parecido más que un simple riachuelo pero, una vez allí, me podrían haber dicho que era el Sena y me lo habría creído sin problema. Un muy ancho canal con barcos y restaurantes a los lados hasta estrecharse con una esclusa en obras junto a La Rotonde, un área de esparcimiento donde hay mercadillo cada último día de la semana.

La tarde había que aprovecharla, con lo que bajé por la Rue la Fayette cruzando puente sobre vías de tren y dejando a los lados la Gare du Nord y la Gare de l´Est, dos concurridas estaciones que desembocan en el Boulevard de Magenta. Hacia arriba por una acera y hacia abajo por la contraria, con media vuelta a la altura de la estación de metro de Barbés-Rochechouart. Bien por invención, bien por intuición, la alta concentración de negros y árabes no invitaba a pasear por allí, menos aún cámara en mano.

Los hombres parados en grupo ante oscuros portales y hablando de temas que supongo poco trascendentales. Las mujeres invadían locales donde ponerse pelucas y uñas postizas. Me llamaron la atención y me gustaron las numerosas tiendas de vestidos de novia que había en la avenida. Con precios bajos y más que cutre decoración, lo llamativo de los diseños y la relación con mi trabajo me hicieron parar en muchos de los escaparates. Entré en el mercado de Saint-Quentin, lúgubre y ávido, si no de reformas, de un mayor dinamismo. Suerte tuve de pasar por al lado de un puesto de comida brasileña, onde eles falaban sua lingua enquanto eu escutava e entendia com um sorriso. Terminé apareciendo entre dos arcos: Porte Saint-Martin y el que deduje como Porte Saint-Denis, pues en ellos desembocaban calles de mismo nombre respectivamente.

La Place de la République está flanqueada por edificios parisinos de cierta antigüedad que rodean un acerado de reciente construcción. Hay "skaters" que patinan, valga la redundancia bilingüística, junto a la escultura habitualmente usada por partidos de izquierda y sindicatos. Personas alrededor de flores e imágenes teóricamente conmemorando los cercanos en el tiempo atentados terroristas. El populismo no entra en la temática de mi cuaderno de bitácoras, mas recurro al "tweet" de Arturo Pérez-Reverte tras lo acaecido también en Bruselas: "Los yihadistas deben de estar acojonados por las florecitas, las velitas y nuestro enérgico `todos somos Bruselas´. Y hasta la próxima".

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157665000727550

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

6 de abril de 2016

Las ferias



En la feria de bodas ya había participado en todas las de tres años para acá. La primera vez puse un estand cutre, pero conociendo compañeros relacionados con la temática y cogiendo información de aquí y de allá terminé casi en el extremo opuesto, buscando la perfección. Ni una cosa ni otra, y en esta ocasión me he centrado en lo práctico. Además de haber ahorrado tiempo y reducido estrés, he informado aún mejor a las parejas sobre mi estilo fotográfico, las tarifas y demás. Los resultados lo demuestran.

A la feria de vida saludable y sustentable no he ido como expositor sino como visitante. Ya iba avisado pero, como más vale ver que creer, allí me planté. Los estands de temáticas básicas no aportaban nada, muchas cáscaras y pocas nueces (salvo en los "brownies"). Vaya, para entendernos: que el mejor té es el verde y el mejor zumo el de naranja.

En cuanto a los que presentaban supuestas novedades, nada interesante o con sentido, como esa cosa rara que hace luz. Muchas personas entre dulces y bebidas alcohólicas y que luego se iban a hacer cola para conferencias sobre psicología, yoga, etc. Los puestecillos de ropa eran sustentables, pues tenían perchas, pero no saludables. Las tiendas más interesantes ya las conocía y el único descubrimiento que hice fue la cúrcuma troceada en vez de en polvo. En resumen: tres euros a la basura.

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com