8 de julio de 2017

Madrid (1): El Prado y el Reina Sofía



El veinticinco aniversario de la inauguración del AVE ha hecho que RENFE ofrezca billetes de 25 euros a modo de celebración. Merece la pena estar de madrugada delante del ordenador y luchar pacientemente con la pésima página web si se obtiene una recompensa como una escapada, más aún teniendo alojamiento gratis.

La última vez que estuve en la capital dejé la maleta en Atocha y entré directo al Museo Nacional de El Prado. Inexperto yo en temas museísticos, pensaba que en un par de horas estaría más que visto. Iluso yo, pues llegó la hora de cerrar cuando sólo tenía vista la mitad de las obras. En esta ocasión repetí la operación, pero cambiando las velocidades. Nada más entrar hice un repaso ligero a lo ya visitado e invertí más tiempo en lo que me quedaba por ver.

Llega uno allí para casi cumplir el trámite porque son unos cuadros más que vistos desde la niñez a través de medios de educación o comunicación. Pero no, nada de eso. Plantarte delante de tan espectaculares obras de arte es un "shock" inesperado y positivo. Muchos pintores españoles con otros tantos extranjeros que están entremezclados en una colección compacta y diversa, representando hechos históricos, cumpliendo encargos concretos o dejándolos a la imaginación.

No voy a entrar a valorar (¡Dios me libre!), pero bajo mi humilde opinión y gusto son Velázquez y Goya quienes se llevan la palma, haciéndome parar el tiempo ante obras de incalculable valor como "La Rendición de Breda" o "Los Fusilamientos del 2 de Mayo". Y no dio para más, que no es poco, y teniendo ya el libro del museo, esta vez tocaron marcapáginas.

Cuarenta minutos en metro para el Ensanche de Vallecas, soltar el equipaje y vuelta al centro para hacer un "kit-kat" con arte alternativo. Se trataba de un concierto más que íntimo de Russian Red en el Círculo de Bellas Artes. Una treintañera pija y delicada que canta y versiona de forma psicodélica y somnolienta, contando supuestos y poco interesantes hechos de su vida entre tema y tema. Ya leí en el tren de ida artículos periodísticos que citaban cómo la chica se echaba novios para que le hicieran discos o la llevaran a vivir a Hollywood. Todo con un muy vacío tono "vintage", "chic", "urban" y Pi.

La mañana siguiente la dediqué al Museo Reina Sofía (abreviado). Es un edificio neoclásico del siglo XVIII que era el Hospital General de Madrid. En el centro de su estructura rectangular se encuentra un patio que permite disfrutar de tranquilidad en pleno centro de la urbe y al que dan los pasillos de las distintas plantas. Lo que eran habitaciones para enfermos encamados son ahora salas de exposiciones, haciendo que las obras de arte estén ligeramente dispersas y habiendo que cambiar de sala a pasillo y de pasillo a sala continuamente. Me recuerda, y guardando las distancias, al Hospital Civil de Málaga, aunque este aún conserva sus funciones originales.

Comencé por una exposición pretoriana y temporal de Picasso alrededor del permanente Guernica. Soy consciente de que en la actualidad el informarse es cosa de las minorías y el criticar sin ton ni son de las mayorías. Yo me encuentro en ambas, pues no hay más que consultar la sencilla Wikipedia para asentarse en el área común de ambas circunferencias. Estamos hablando de una obra discutible artísticamente como cualquiera, pero no históricamente. Se trata de un cuadro encargado por los republicanos para dar pena en la Exposición Internacional de París y que poco resultado práctico les dio. Todavía estoy esperando un cuadro de similar impacto social y económico sobre, por ejemplo, el atentado del Hipercor. Claro que nadie tira piedras sobre su propio tejado.

En el resto de cuadros del museo, ya no sólo en los recién nombrados de Picasso sino en general, hay algunos de forma salpicada que me gustan y colgaría en mi salita, pero no más. De todas formas, el fuego capitalista que mantiene este tipo de "arte" no me lo permitiría dado el vacío de mi bolsillo. Pero sí, algunos de Picasso, Dalí, Gris o Miró dan merecimiento a la entrada, sobre todo si es gratis.

Los modernos ascensores no desentonan con el edificio, llevándome a la última planta. Me sorprendió gratamente el tomarme un piscolabis franquista al girar una esquina, dándole un toque de sabor a la previa del Valle de los Caídos. Y no por ser lo último es lo que menos me gustó, sino más bien al revés. Una gran cantidad de simples dibujos y otras veces imágenes hechas a modo "collage" (no sé si manual o digitalmente) que, tal y como ya cité en mi viaje a Edimburgo, me encantan, representando/combinando hechos históricos y originalidad.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157682734285110

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

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