29 de abril de 2018

Marrakech (4)

Teníamos aún toda una mañana y no íbamos a desperdiciarla. Es cierto que nos llevó tiempo el último desayuno al sol, pues sabíamos que lo echaríamos de menos, pero a partir de ahí ya nos tocó una pequeña caminata hasta el Jardín de Majorelle y una gran cola de turistas de todas las nacionalidades y colores para acceder a él (alrededor de una hora sin exagerar).

El parque fue diseñado por el artista francés Jacques Majorelle a principios del siglo pasado y adquirido por el diseñador de moda también francés Yves Saint-Laurent, donde actualmente yace. Dividió el chalet en residencia personal y museo, además de ampliar el jardín en cuanto a terreno, plantas, decoración y aves se refiere. Pero vayamos al grano: para venir en todos los Top 10 de visitas a realizar en Marrakech, me decepcionó. Es verdad que es bonito y original, pero he estado en otros parques y jardines menos rimbombantes pero que le dan mil vueltas. Al menos nos cruzamos con un postboda asiático (muy "The future is coming on" a lo Gorillaz).

Miramos el reloj y, sí, aún había tiempo para dirigirnos a La Mamounia, un hotel para que los que quieran lujo vayan a tiro certero. Bueno, también para viajeros y turistas, aunque por lo visto hacían filtro según las pintas. Tendremos estética de clase alta porque nos dejaron entrar sin problema y dándonos libertad para visitar a nuestras anchas. Eso sí, tras una mirada de abajo a arriba y de arriba a abajo. Entre la entrada como tal y la de la fachada del edificio hay un terreno para que los huéspedes bajen de su coche recibidos por dos porteros con vestimenta en concordancia. Pero también había una construcción en un lateral donde comenzar nuestro habitual "pack" de turismo más sesiones fotográficas sobre la marcha.

Por dentro es enorme y la decoración sublime. Techos de madera, grandes alfombras y muebles antiguos pero más que cuidados. Patios con fuentes o estanques en los que la luz permitía fotografías estupendas. En los interiores como tal la falta de luz y la contrarreloj no permitieron virguerías sobre la marcha. De todas formas atravesamos entre espejos el bar Churchill, dejando a nuestra izquierda la pequeña barra y su piano a lo Casablanca. ¡Uy! Nos encontrábamos ante los hilos del destino o, más en concordancia con la relación recién nombrada, cordales del piano. Para finalizar llegamos a los enormes parques y jardines, perfectamente comparables con Majorelle.

Recogimos nuestras maletas de detrás del mostrador del riad, comimos en la pizzeria de al lado junto a guirs obesos, nos despedimos de nuestro amigo de la casa de cambio y compramos dulces a nuestros enemigo el pastelero. Para el aeropuerto con tiempo de sobra..., o eso creíamos. Pero no adelantemos acontecimientos, que todavía tocaba regatear con el taxista. Le ofrecimos no recuerdo si 40 o 50 dirhams (lo mismo que al de la ida) y decía casi llevándose las manos a la cabeza que eso era imposible. Salió del coche para señalarnos una pegatina superoficial en el cristal. Nosotros, ya curtidos en mil batallas, hacíamos oídos sordos y, tras insistir e insistir, torció la mano. Tenía que intentarlo...

El taxista, que conversaba con un "colegui" en el asiento de al lado para no aburrirse, se comportó de forma muy correcta, dejándonos en la misma puerta del aeropuerto y perfectamente a tiempo. De hecho, nuestro vuelo nos pasaba por encima para aterrizar y esperarnos. Al menos es lo que pensábamos hasta que nos negaron el acceso al control de equipaje a pesar de llevar los billetes impresos como solicitaban en la compra en línea de meses atrás. Por lo visto había que facturar a pesar de llevar equipaje de mano. Los puestos de Ryanair estaban cerrados y la única que representaba a la compañía estaba desaparecida/oculta, no respondiendo a los problemas de los clientes.

Los miedos y nervios estresantes fueron tornando en cabreo y enfado conforme se acercaba la hora del despegue, yendo de aquí para allá sin soluciones. El avión estaba ahí, pero nadie nos aclaraba por qué había que facturar ni nos facilitaban poder embarcar. Tocaba aceptar y asimilar la situación. Unos pocos de euros en la factura telefónica para que familiares nos ayudaran a hacernos con otra forma de volver.

Mi relación con la compañía (me refiero a Ryanair, por supuesto) ha sido de amor-odio, pues lo mismo me ayudó a no perder el vuelo en Oslo que ahora me deja tirado sin razón alguna. Es poco fiable y estable, mas ya se sabe que algunas son tóxicas y, por más que te hagan pasar noches sin poder dormir e incluso fuera de la cama preguntándote qué has hecho mal para un final así, la conclusión termina en no darle más vueltas a la cabeza, recordando los viajes estupendos pero echándole, como suelo decir, una cruz de plomo.

No todo es malo, pues en este paréntesis inesperado en tu viaje pueden acaecer hechos inesperados. En este caso otro viajero plantado en tierra (no podía ser de otra forma) con el que se nos hizo la espera más corta. El hombre, de casi sesenta años pero con la actividad de un chaval, era de El Gastor y, entre su gracia gaditana y sus alucinaciones petarderas, no paraba de hablar.

Como teníamos más tiempo que nunca tras haberse convertido las prisas en calma total, nos fuimos paseando hasta donde poder cenar, no parando él de darnos palique. El bucle alocado de tajines, pastelas y cuscus había que culminarlo con falafel y Orangina. Las conversaciones iban de aquí para allá, comenzando con lo ocurrido con el vuelo, pasando por hábitos y experiencias de cada uno, hasta llegar a su confesión. En resumen: toda la vida sentado ante una pantalla de sucursal bancaria hasta darle un ictus cerebral con su correspondiente operación.

Y ahí cambiaron su mente y su estilo de vida (la incapacidad permanente absoluta con complemento de gran invalidez y los miles de euros del seguro de la empresa le ayudaron). Ahora se dedica a viajar, con su mujer cuando ella puede y sin ella cuando no (sí, hay mujeres que no tratan de ponerte una correa). Me hice el sorprendido e interesado, pero la temática me resultó y resulta cansina. No conté nada.

Mientras el No Name (nunca supimos su nombre) dormía a pierna suelta como resultado de sus hierbecitas, yo me di un paseo para estirarlas, descubriendo que, ahora sí, teníamos que hacer el "check in". Le dejamos una tarjeta para no despertarlo (no sirvió, no se supo más) y nos fuimos a la puerta de embarque a echar otro par de horas. Si la vuelta establecida era Marrakech - Sevilla, gracias a nuestras amistades irlandesas ahora era Marrakech - Casablanca - Málaga, con su hora de transbordo de por medio y un segundo recorrido en avión de hélices y casi de juguete (Royal Air Maroc). Ya, a toro pasado, el sufrimiento y la desesperación se convierten en una historia divertida y a recordar.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157688947646630

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

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