7 de agosto de 2018

Estambul (1)

El traslado del aeropuerto al hotel comenzó por una casi interminable carretear/avenida con decenas de puentes para peatones sobre ella. Estilo "Outrun", cambiaba de repente (pero no la música), circulando por curvas y cuestas que se iban combinando entre colinas masificadas de bloques cubiertos de antenas y la luz cálida del anochecer. Una vez soltado el equipaje en la habitación salí en busca de cena con dos almerienses que acababa de conocer. Rodeamos la cercana y céntrica Plaza Taksim, atravesando una feria de no sé qué temática y decidímonos por un restaurante al principio de la caótica calle Istiklal.

Ya por la mañana y después de medio resolver temas médicos y burocráticos en la quinta planta de un edificio de cierto toque futurista me dispuse a encarar la enorme Estambul en modo exploración y avanzadilla respecto al resto de la semana. El comienzo fue donde lo dejé, pasando por esa larga avenida de tiendas de todo tipo y entrando en una perpendicular y saliendo por la siguiente. Más de una hora después me desvié a la altura de la estación de metro de Sishane.

Estaba en una zona más tranquila y menos transitada, de toque bohemio y artístico, con tiendas particulares, galerías de arte y teterías a la sombra, desembocando todo en la Torre Gálata y su habitual cola alrededor. Fui descendiendo por cuestas escalonadas hasta terminar en el Cuerno de Oro y el Puente de los Pescadores. Y el nombre de este último no es turístico o histórico sin más, pues todo el lado derecho estaba lleno de hombres concentrados en su tarea entre cañas, hilos y artilugios variados.

Relativamentte cerca hay otro puente más reciente y ambos, como toda la ciudad, empapelados con la cara de Erdogan. Ya en el lado sur me costó un rato atravesar la alocada avenida, y era por un también masificado y con tiendas túnel subterráneo. Lo más cercano a visitar una vez en superficie era el Bazar de las Especias (también llamado Bazar Egipcio). En su interior bonito y ordenado descubrí que tiene forma de L. En el exterior y en su parte de 90 grados hay un mercadillo de pájaros, peces, etc.

Tanto por el puente como en el bazar comencé a descubrir que no todos los musulmanes son moros o, al menos, no del mismo tipo. A lo largo de mi estancia en Estambul fui confirmado que los turcos son mucho más civilizados, educados y avanzados que los marroquíes. Lo primero que me llamó la atención (no podía ser de otra forma) es que a la hora de hacer fotos en las que salieran no gritaban o ponían la mano delante de la cámara haciendo aspavientos, sino que incluso sonreían o hacían alguna gracieta.

Conforme subía, las calles se iban despejando de turistas y eran más de barrio, con sus tiendas de lencería, costura y demás. De todas formas, no tuve más que preguntar un par de veces para introducirme en el Gran Bazar. El tener las decenas o cientos de calles en paralelo o perpendicular no llega a ser tan laberíntico como una medina, pero también es fácil perderse en él. En cualquier caso, las compras no eran mi interés y, salvo alguna que otra parada en lámparas de colores y juegos de tetera y vasos, terminé por atravesarlo y aparecer en la Plaza Beyazit, donde destacan la universidad politécnica y la torre. Esta última, además de tener el mismo nombre que la plaza, fue construida para temas de incendios y ahora adaptada también para telecomunicaciones.

A partir de ahí, en vez de girar a la izquierda hacia los dos monumentos más famosos de la ciudad como hacía todo el mundo, continué recto y todo cuesta abajo hacia el mar. Toda esta zona es estambulí de pura cepa. Sorprendente que tan cercano a puntos turísticos hubiera tanta diferencia, siendo yo el único al que miraba el mecánico mientras arreglaba un coche o el transportista mientras descargaba una furgoneta.

Entre preciosas e inesperadas casas de estilo otomano y niños jugando o abuelos echando el rato anduve en paralelo a carretera y paseo marítimo, me volví a introducir en la urbe para encarar el Hipódromo de Constantinopla. Ya no funciona como tal, siendo más bien un parque de forma alargada por el que se van dejando a la derecha la Mezquita Azul y la Basílica de Santa Sofía, terminando el trío en el Palacio de Topkapi

Soy consciente de las expectativas generadas, pero la descripción de estos tres monumentos queda para mi próxima entrada. Después de los bien calculados 6,5 kilómetros de esta "ligera internada" por Estambul, Constantinopla, Bizancio o como los próximos le quieran poner, yo me limité a bajar por una calle serpenteante y a la par del tranvía para coger un taxi frente a la estación de tren

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157669087221467

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

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