23 de septiembre de 2018

Palacio Episcopal

Una de esas mañanas ya cercanas al otoño, pero en las que aún el sol pega con dureza, fui a visitar este histórico edificio malagueño. Construido en el siglo XVIII y reconstruido y rehabilitado en épocas posteriores, se encuentra en el mismo centro de la ciudad, en la Plaza del Obispo y junto a la Catedral de Málaga.

Hay dos zonas al aire libre: un patio al que se accede nada más entrar, más cerrada y menos luminosa; un jardín más al aire libre y con su fuente y árboles. Este último especialmente tranquilo y silencioso a pesar de la cantidad de gente que circunda el entorno. También es un reciento abierto, lógicamente, la cubierta de la catedral, a la que se puede subir comprando la entrada en el mismo palacio.

En la planta baja puede visitarse la exposición permanente del Museo Diocesano del Arte Sacro de Málaga, mientras que en la primera están las exposiciones temporales, siendo la de Francisco Buiza la que yo vi. Todo ello valorando y disfrutando la escalera imperial, cuya subida termina frente a la entrada de la bonita capilla.

Ya a la hora de comer y fuera del palacio visité el museo o sala de exposiciones recientemente abierto Ifergan Colleccion, situado en una paralela trasera al Mercado Central. Es pequeño y coqueto, pero tiene mucho que ofrecer en lo referido a historia y arte, rematando la oferta con un porcentaje de descuento en el restaurante de al lado (Snack Jerusalem) y, posiblemente, del mismo dueño. Ofrece comida mediterránea y especialmente judía de buen sabor y precio, con unos cuadros temáticos que merecen que se les eche un vistazo.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157694747478470

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

7 de septiembre de 2018

Estambul (5)

Cuanto más sabes o conoces de la ciudad más lugares te vas apuntando para visitar. En esta lista, aparte del Palacio de Dolmabahce, había varios museos que me causaban cierto interés, como el Museo Arqueológico, el Museo de Arte Turco e Islámico o el Museo de Arte Moderno. De todas formas, si el día anterior preferí innovar e irme a Uskudar, en esta ocasión me atraía visitar las Islas Príncipe de las que me enteré de su existencia de refilón.

Elegí de forma prácticamente aleatoria, entre las cuatro islas pobladas de las ocho existentes, la de Heybeliada. El viaje en ferry es de una hora y media, llamándome la atención el hombre que lo recorría con su bandeja de zumos de naranja e infusiones entre viajeros, pasillos y meneos de la navegación. Pero el verdadero espectáculo era el de otro hombre que ponía su mesita ante todas las bancas para llevar a cabo la demostración de lo maravilloso que era su pelador de frutas y verduras. Cada vez sacaba una más grande de la bolsa y la cortaba a la voz de "¡¡¡ooohhh!!!" como exclamación de sorpresa. El público, lejos de ignorarlo o aburrise, respondía con el mismo grito de admiración e incluso aplaudía. Y no sólo eso, sino que cuando terminó su exhibición más de la mitad del pasaje se acercó a comprarle el producto.

Nada más bajarme di con una tiendecilla callejera del que colgaban decenas de lo que precisamente quería comprar para dos personas en particular y a precios de risa respecto a la ciudad. Comencé la visita a la isla en sentido opuesto a la agujas del reloj y pagando por entrar en un parque natural. A la izquierda eran todos pinos y a la derecha áreas de sol y sombra a donde llevarse el tape y echar el día.

Disfrutando de las muy bonitas vistas al mar, las islas de alrededor e incluso de Estambul a lo lejos (sobre todo la parte asiática) comencé a colarme entre coloridas construcciones otomanas. A pesar del turismo, este sólo deambulaba por la calle principal o central, surgiendo de ella cuestas con más casitas y tranquilidad. Llegué a una bifurcación en la que un perro (de los grandes, como todos los de allí) aprovechaba su puesto de sombra, comida y agua.

Terminé dando con lo que parecía un cuartel militar y terminó siendo un colegio/instituto. Había rodeado la parte noreste de la isla y me senté a almorzar en la zona del puerto donde desembarqué. Tras echarle un ojo al mapa, me lancé a darle la vuelta a la otra parte de Heybeliada recién comida una hamburguesa y bajo el solano de las tres de la tarde, esta vez sí en la dirección de las agujas del reloj. Por aquí había menos turismo (aparte de los que iban en los alocados carromatos de caballo) y más viajeros con ganas de trabajar piernas de lo lindo.

Durante la considerable caminata que me di (de antemano y en el móvil me parecía más ligerita) pasé por al lado de una playa de acceso privado con guiris/chusmones tumbados vuelta y vuelta con multitud de yates y veleros anclados frente a ellos. Continué cruzándome o adelantando a algún que otro grupo de aventureros hasta llegar a un asentamiento de caserones destartalados, con una pared de cemento, otra de madera y un techo de uralita. Allí es donde parecían vivir tanto los caballos como los dueños/conductores de los autos locos que rodeaban toda la isla con turistas del montón.

Con la botella de agua más que vacía y mi estado físico en alarma continué mi senderismo siempre acompañado por las chicharras. Por suerte, fui precavido y llevaba gorra y gafas de sol, lo que me permitió alcanzar la zona otomana, bajar esta hacia el puerto, echar un rato a la sombra, aguantar al vendedor del pelador de frutas y verduras y plantarme en tierra firme y continental.

Adelanté a un trío sospechoso en una escalinata que me encantó (ironía OFF), atravesé por enésima y última vez Taksim y bajé hasta el hotel. Allí, supercansado, tumbado y mirando al techo, me animé a convertir aquel punto y final en un punto y aparte, no terminando el viaje aún. Así, con mis ansias de ver sitios nuevos y aprovechar el tiempo, continué descansando durante veinte o treinta minutos sentado en un taxi a través de la megalópolis. El modo "Outrun" ya citado en mi primera entrada sobre Estambul se convirtió en barrios de cuestones y callejones tras cruzar el Cuerno de Oro. El taxista tuvo que preguntar un par de veces hasta llegar al bistró de Pierre Loti, nombre y estética que me retrotrajeron a la primera localización tras la intro de Broken Sword, pero sin templarios, payasos o explosiones. Una larga fila de mesitas con mantel de cuadros blancos y rojos para tomar cafés e infusiones al anochecer.

Rápidamente huí del mirador de abajo y de mi misma faz tras foto que pedí que me hicieran. La bajada era otro mundo; el de los muertos concretamente. Más silencioso y relajado anduve a través del cementerio. Nunca había estado en uno musulmán, sin cruces pero con muchas flores sobre las tumbas. También se podía considerar el hábitat de los gatos, muy dispuestos y acostumbrados a ser fotografiados con lo que tenía allí colgado. Me inventaba e imaginaba una película de Disney donde las decenas de gatos que vivían en el cementerio hablaban y comentaban sus historietas hasta que ocurría lo inesperado. Resulta que acabo de poner en Google "la ciudad de los gatos" y... ¡sorpresa! Lo primero que me aparece es "ESTAMBUL, la ciudad de los gatos". En fin, quizá hasta me denuncie Pérez-Reverte por esto de humanizar animales urbanos o de compañía.

Desemboqué en la concurrida plaza de Eyup, mismo nombre del cementerio y de la mezquita que se encuentra en ella y, en general, de todo el barrio o distrito. Y ahí terminó mi viaje, entre el taxi que me llevó esa noche al hotel y el que me recogió a la mañana siguiente en el mismo. Un viaje en el que no se cumplió el primer plan que tenía (o más bien, que no tenía) en mi cabeza ni me acompañó la persona que deseaba (y que también tenía en ella). Nada de esto implica que el viaje haya sido un fracaso, sino, más bien, todo lo contrario. Sólo toca cambiar el punto de vista o perspectiva para valorar la ciudad extranjera en la que más tiempo he estado, más kilómetros he recorrido y más cantidad y variedad de sitios he visitado. Con todo esto la incluyo en el Top10, e incluso Top5, de mis ciudades preferidas y en las que no me importaría vivir. La próxima vez me llevo a Chuky.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157669087221467

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