19 de octubre de 2018

Ciudad Real y Almagro

La vida me gusta tranquila y ordenada, lo cual no descarta planes repentinos o de última hora. Eso sí, no me encuentro a gusto entre el sí y el no. Esta vez me decidí por el sí y aparecí en la estación de tren de Ciudad Real sobre las diez y media de la mañana. Un zumo de naranja y limón tras mi desayuno tempranero y para el centro.

La ciudad estaba desierta, no sé si por ser fin de semana o por ser castellana-manchega si más. Sólo al llegar al centro empezaba a haber cierta actividad. La Plaza Mayor está presidida por el ayuntamiento y sus cuatro cristaleras puntiagudas. En el lado opuesto está la estatua de Alfonso X el Sabio tras los chorros de una fuente y la Casa del Arco con su reloj carillón y las figuras autómatas (me recuerdan a los videojuegos "Final Fantasy VIII" y "Syberia", así como al libro "Las Luces de Septiembre") de Miguel de Cervantes, Don Quijote y Sancho Panza.

Echamos una muy buena mañana en busca de iglesia y catedral; debatiendo y compartiendo temas e informaciones diversas. Hicimos un poco de teatro para hacerle fotos a unos abuelos sin que se dieran cuenta, preguntamos a la policía por un monumento que teníamos al lado y discernimos sobre los niños que mean en los árboles. En la iglesia de San Pedro pudimos entrar en mitad de una misa; en la catedral no, pero rodeamos la plaza entre los invitados de una boda recién terminada la ceremonia.

Estuvimos un rato al lado del coche esperando que dieran las dos para evitar multa, hora que coincidía con la reserva en el "Carmen Carmen Resto-Bar". Decoración original, camareros con tirantes (ellas también), planta baja, sótano y patio interior, carta más que decente y precio final desconocido por mi parte (¡gracias por la elección, reserva e invitación!). Le vi el pito a un abuelo porque el cuarto de baño tenía roto el pestillo.

Tras acercarnos a la Puerta de Toledo para echarle un ojo nos dirigimos por los campos de Castilla, entre tractores y bicicletas, al cercano pueblo de Almagro. Esta vez atravesamos una boda rimbombante, de mucho continente y poco contenido, hasta llegar a la Plaza Mayor. El Corral de Comedias fue fácil de encontrar siguiendo a las multitudes y, entre la discapacidad del visitante y el estrés de la recepcionista, dentro que nos plantamos. Lo esperaba más grande en cuanto a longitud y anchura, pero lo compensaban las dos plantas superiores. Mientras un guía de poca monta contaba la historia de forma soporífera y monótona aprovechamos para echar fotografías.

Nos echaron porque iba a comezar una obra de teatro y nos sentamos en el barecillo de al lado a tomar agua con gas (la sin gas fue usada para refrescar el suelo) y té verde respectivamente (dando por hecho que primero cito a la tercera persona y luego a la primera que está aquí narrando). La intuida estafa de ir al baño cuando realmente era a pagar (no había ni baño) continúo con un paseo entre silenciosas callejuelas con casitas blancas de las que las abuelas sacan las sillas para refrescarse cuando se está yendo el sol.

Después de seguir a una mujer pasota a la que le preguntamos desorientados, descartando el Parador Nacional mas parándonos a mirar por la cristalera un elegante hotel pensando que era él, dedicamos la vuelta a la capital intercambiando ideas y aspiraciones vitales al anochecer.

Once horas que pasaron volando sirvieron para quitar sospechas y dudas de un solo plumazo, más allá de que ahora esté usando bolígrafo y en breve teclado. El tiempo es oro y en qué invertirlo es clave. No sé cómo lo haría en el Banco de España, pero en esta ocasión me forré. Counting down the days!

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157674475444278

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com

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